Todo el que se acerque a nosotros sea un poco más feliz


Hay personas que pasan por nuestra vida y dejan en nosotros una huella especial. Tal vez no recordamos todas sus palabras ni cada uno de sus gestos, pero sí conservamos aquello que nos hicieron sentir: su cercanía, su generosidad, su capacidad de escucha, una palabra oportuna o una mano tendida en el momento preciso. Su presencia nos hizo bien y, de alguna manera, nos ayudó a descubrir que somos amados.
El 31 de octubre de 2026, al recibir a deportistas y miembros de las universidades estadounidenses de Notre Dame y Villanova, el Papa León XIV recordó que el encuentro tenía lugar en vísperas de la solemnidad de Todos los Santos y que todos estamos llamados a la santidad. En este contexto, expresó: “nadie nace campeón, al igual que nadie nace santo. Más bien, la santidad requiere un entrenamiento diario en el amor”[1].
Para la Sierva de Dios Martha de la Inmaculada, ese entrenamiento diario en el amor se concreta en vivir la caridad de Cristo. En uno de sus escritos, considerando uno de sus libros favoritos titulado “La Virgen sigue callada”, de Carlos Magaz, nos comparte: “Querer, no es pensar que se quiere, ni hablar de cariño, ni siquiera hacer cosas; esto son manifestaciones del amor. Querer es una entrega vital implícita de todos y cada uno de nuestros momentos, de todas y cada una de las células de nuestro ser”[2]. Y, en el mismo texto, eleva a Dios una hermosa petición: “Danos la caridad de Cristo, arráigala en nuestras entrañas, para que todo el que se acerque a nosotros sea un poco más feliz, te alabe y te quiera. Que, por nuestro egoísmo, fácilmente alejamos a las gentes de tu camino”[3].
Jesús nos dejó el mandamiento que da sentido a nuestra vida cristiana: “Ámense los unos a los otros, como yo los he amado” (Jn 15,12). No nos pide un amor superficial o condicionado, sino un amor que aprende de Él, que se entrega, que comprende, que sabe esperar y permanece, incluso cuando amar implica renunciar a uno mismo.
Por eso amar y dejar huella en los demás, no consiste solamente en hacer cosas buenas, sino en permitir que la caridad de Cristo impregne nuestra vida entera. Se trata de vivir de tal manera que quienes se acerquen a nosotros puedan experimentar algo de su amor, de la paz y alegría que provienen de Dios.
¿Qué personas han dejado en mí una huella de amor y qué aprendí de cada uno de ellos? ¿Mi presencia hace más llevadero el camino de los demás? Quienes se encuentran conmigo ¿pueden experimentar más alegría, esperanza y cercanía de Dios?
[1] León XIV (31 octubre 2026). El Papa: En una época marcada por la distancia, el deporte une a las personas. En https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-10/leon-xiv-audiencia-deporte-university-notre-dame-villanova.html
[2] AHSVCFE, I.2.1.12. Fondo Martha Christlieb, Carta circular a las Hermanas de la Vera Cruz Hijas de la Iglesia. Pascua de 1969.
[3] Ídem


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