top of page

Pascua, preciosísima oportunidad de resucitar

  • Foto del escritor: Nayeli Reyes Loyo, svcfe
    Nayeli Reyes Loyo, svcfe
  • hace 1 día
  • 2 Min. de lectura
Tomada de la Fototeca Martha Christlieb
Tomada de la Fototeca Martha Christlieb

La vida del ser humano es un don divino, un regalo que hemos recibido sin haberlo merecido. De no ser así, dejaría de ser don y se convertiría en recompensa, retribución o reconocimiento por algo realizado. No hicimos nada para venir a este mundo; fue Dios quien nos amó y nos pensó desde toda la eternidad. Él, en su infinito amor, quiso que existiéramos para gozar de la vida, contemplar la creación y trascender en el amor.

 

Pero no solo hemos recibido la vida humana, también hemos sido llamados a la vida cristiana. Es decir, Dios nos ha llamado a ser sus hijos, nos invita a participar de su vida divina y nos confía la misión de ser instrumentos de su gloria. De este modo, al partir de este mundo hacia al Padre, podamos gozar plenamente de la vida eterna, aquella que no conoce ocaso.

 

La Pascua que celebramos no es un acontecimiento del pasado, sino una oportunidad presente de renovación interior. Es creer que, “si hemos muerto con Cristo, creemos que viviremos también con Él” (Rm 6,8). Es pasar de la muerte a la vida confiando en Aquél que es “la resurrección y la vida” (Jn 11, 25), sabiendo que cada día Dios nos regala la posibilidad de tener “vida en abundancia” (Cf. Jn 10,10).

 

La sierva de Dios Martha de la Inmaculada nos hace una invitación para vivir este tiempo pascual, considerando lo que escribió a sus hijas espirituales: “Es esta hermosa fiesta de Pascua, una preciosísima oportunidad de rectificarnos, de resucitar. Jesús, ciertamente, no tiene necesidad de nosotros, en absoluto, y a pesar de ello, ha querido necesitarnos para hacernos instrumentos útiles para su gloria. ¿Vamos a hacernos [personas] tontas… sordas a su llamado?”[1]

 

Por lo tanto, resucitar en Cristo implica rectificar: cambiar de mentalidad, de actitudes, reorientando nuestra vida hacia Dios. Es disponernos a ser instrumentos dóciles en sus manos, de modo que, a través de nosotros, otros puedan experimentar su amor. Sólo así nuestra vida adquiere su verdadero sentido y se convierte en vida plena, en esa “vida en abundancia” que Él nos promete.

 

 

¿Reconozco mi vida como un don gratuito de Dios y la vivo con gratitud y responsabilidad? En este tiempo de Pascua, ¿qué aspectos de mi vida necesito “rectificar” para vivir como resucitada/o? ¿De qué manera concreta puedo ayudar a otros a experimentar el amor de Dios a través de mi vida?



[1] AHSVCFE I.2.2.10. Fondo Martha Christlieb, Cartas a Hermanas de la Vera Cruz Hijas de la Iglesia. 5 abril 1958.


 
 
 

Comentarios


Martha
de la Inmaculada

Oriente 4-A #240, Col. Centro. C.P. 94300. Orizaba, Veracruz. México.

  • Extranjero                                                 (+52) 272 724 3375 | 272 724 6533

  • México                                                     (01) (272) 724 3375 | 272 724 6533

Escríbenos...

Muchas gracias por todo.

©2023 Martha de la Inmaculada

bottom of page