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Comenzar el año viviendo como Jesús, María y José

  • Foto del escritor: Nayeli Reyes Loyo, svcfe
    Nayeli Reyes Loyo, svcfe
  • hace 6 días
  • 2 Min. de lectura
Obra de Bartolomé Murillo, tomada de: https://elcatolicismo.com.co/iglesia-hoy/arte-y-cultura
Obra de Bartolomé Murillo, tomada de: https://elcatolicismo.com.co/iglesia-hoy/arte-y-cultura

El inicio del año despierta en todos buenos deseos, propósitos y sueños por cumplir. Quienes hemos cruzado el umbral del año que ha terminado, damos la bienvenida al año que comienza, experimentamos sentimientos profundos de gratitud y esperanza al disponernos a recorrer los 365 días que se estrenaremos cada mañana al despertar.

 

Para quienes creemos en Jesucristo este inicio implica también un compromiso: vivir lo cotidiano con sentido evangélico, practicando aquellas virtudes que brotan del amor, desinteresado y generoso, y que se traducen en el bien concreto hacia quienes están a nuestro lado.  San Pablo nos exhorta con claridad en su carta a los colosenses: “Todo lo que hagan, háganlo de corazón” (Col 3,23). Esto significa realizar cada acción con amor y por amor, buscando el bien de los demás y no el beneficio personal.  

 

La sierva de Dios, Martha de la Inmaculada, en uno de sus escritos, comparte sus anhelos para el inicio del nuevo año y nos muestra un camino concreto para vivirlo: “Estamos en el primer mes de un nuevo año... en este primer mes, todo se vuelve buenos deseos, buenos propósitos, buenas intenciones. Desde Navidad hasta Epifanía, quisiéramos, en verdad, tener el cielo en las manos para colmar de dones, por una parte, a todos los que amamos; por otra, a todos aquéllos que vemos o juzgamos necesitados...”[1]

 

Y nos invita a considerar unas palabras de su director espiritual, el Padre Edmundo Iturbide, como un propósito de año nuevo, o un programa de vida, diciéndonos enseguida cómo leerlas, interpretarlas y hacerlas realidad: “'la mejor prueba de amor a nuestra Congregación [a nuestra familia] es el buen ejemplo'. Si estas palabras las leemos en el regazo de nuestra Madre del Cielo, y todavía junto al pesebre de Belén, se harán para cada uno más claras y más luminosas: cada uno iremos viviendo la vida de Jesús pequeñito: su alegría, su docilidad, su confianza, su abandono... La de la Virgen Madre: su silencio, su oración, su servicialidad, su abnegación, su prudencia, su olvido propio, su perfección en el trabajo, su delicadeza en las cosas pequeñas, su entrega total. La de San José: su amor al trabajo, su sentido de responsabilidad, su paciencia, su amor a Jesús y a María, su fe, ¡qué sé yo!...”[2]

 

Hacerlo todo de corazón y dar buen ejemplo –aún sin buscarlo– es imitar, día a día, alguna de estas virtudes que Madre Martha nos propone al contemplar, en el misterio de Belén, a la Sagrada Familia de Nazareth. Así, el año nuevo se convierte en un camino de crecimiento humano y espiritual vivido desde lo sencillo y lo cotidiano, en medio de los nuestros.

 

Al iniciar este nuevo año, ¿qué significa para ti “hacerlo todo de corazón” en tu vida diaria? ¿qué virtud de Jesús, de María o de José consideras que Dios te invita a vivir de manera especial en este año? ¿cómo puedes dar buen ejemplo, de forma sencilla y concreta, en los espacios donde vives y trabajas?



[1] AHSVCFE I.5.2.3. Fondo Martha Christlieb, escritos espirituales. Enero de 1968.

[2] Ibid.

 
 
 

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