El camino por donde Jesús quiere que vaya
- Nayeli Reyes Loyo, svcfe

- 18 dic 2025
- 3 Min. de lectura

Estamos en los umbrales de celebrar la Navidad, misterio que nos recuerda que Dios no eligió la vía del poder ni del ruido, sino de lo pequeño, humilde y confiado: un pesebre, una Madre, un Niño. La Navidad es una invitación a confiar en que Jesús nos conduce por un camino sencillo, a veces oculto, pero seguro cuando se recorre con fe y esperanza.
Jesús mismo nos lo dice en el Evangelio: “Si no cambian y se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos” (Mt 18,3). Celebrar la Navidad es permitir que el Niño Dios nazca en nuestro corazón y vaya tomando forma en nosotros, como lo expresa San Pablo: “hasta que Cristo se forme en ustedes” (Gal 4,19) y que, con el rostro descubierto, reflejemos como en un espejo la gloria del Señor (cf. 2 Co 3,18).
La Virgen María es el primer y más puro reflejo de Cristo. En su seno, el Verbo se hizo carne, Dios tomó forma humana. Jesús creció “en sabiduría, en estatura y en gracia” (Lc 2,52) al lado de la Virgen María y de San José. En el seno de una familia sencilla aprendió a amar, a confiar y a obedecer, preparándose para entregar su vida por la humanidad.
La Navidad nos invita a aprender de María y de José la disponibilidad total para que Dios realice en nosotros su obra y cumplamos la misión para la cual hemos sido creados.
La Sierva de Dios, Martha de la Inmaculada, en una carta dirigida a su guía espiritual, el Padre Edmundo Iturbide, nos comparte su camino, que encontró muy bien simplificado en un libro de Teresita González Quevedo, y ahora nos puede servir a nosotros: “El caminito de Santa Teresita[1] me gusta mucho, pero para mí, ese camino tiene que ser a través de la Virgen. Ud. me ha dicho siempre que "ese camino" es por donde Jesús quiere que yo vaya, y es por donde Él, a través de Ud. me ha introducido ¿quiere por favor, en su Misa de Navidad pedirle esa gracia para su pequeño Bambi[2]? […] y que Jesús me haga una preciosa miniatura de su Madre Inmaculada"[3].
Al finalizar la siguiente carta que escribe al Padre Edmundo, con sencillez y espíritu navideño, le expresa sus deseos para el nuevo año, que muy bien podemos considerarlo como su deseo para cada uno de nosotros: “lo primero y lo principal es desearle, las mejores bendiciones y las gracias más escogidas para el nuevo año. Que el Niño Dios aumente en su alma tan amada, el amor a Él y a su Madre Inmaculada, que lo aumente sin medida. Le ofrezco que el día primero voy a pedírselo muy especialmente a Jesús […], voy a entenderme, como siempre, con mi Madre del cielo, y estoy segura que Ella me lo concederá”[4].
La Navidad no termina en el pesebre; allí comienza una transformación interior: dejarnos moldear por Jesús para ser transparencia suya. Con un corazón sencillo y orante, abierto a la gracia, a la esperanza y a la confianza en todo lo que el nuevo año traerá.
¿Reconoces “ese camino” por el que Jesús te está invitando a caminar hoy? ¿Permites que el Niño Dios vaya tomando forma en ti, hasta que quien te mire pueda descubrir en ti algo de Él? En este tiempo de Navidad y ante el nuevo año, ¿qué le pides al Niño Jesús de la mano de María?
[1] Santa Teresita del Niño Jesús.
[2] Pseudónimo con el que ella misma se nombraba.
[3] AHSVCFE I.2.4.287. Fondo Martha Christlieb, Carta al P. Edmundo, msps. 21 diciembre 1959.
[4] AHSVCFE I.2.4.288. Fondo Martha Christlieb, Carta al P. Edmundo Iturbide, msps. 29 diciembre 1959.


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