Ver a Jesús en cualquier prójimo
- Nayeli Reyes Loyo, svcfe

- 16 jul 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 16 jul 2025

¡Ha concluido el ciclo escolar! ¿Quién de nosotros no ha pasado una parte significativa de su vida en las aulas, inmerso en el aprendizaje? Si estás leyendo este artículo, es porque alguien te enseñó las primeras letras, te guio para juntarlas, formar palabras, frases, párrafos, textos. Quizá incluso te preparó para editar un libro o tesis, culminando en una profesión.
Hemos experimentado la tensión de presentar un examen, de ser evaluados y, con ello, la satisfacción de alcanzar la meta propuesta tras una ardua preparación. Tal vez utilizamos una guía, un compendio de conocimientos que debíamos aprehender -es decir, hacer nuestros, interiorizar- para luego proyectarlos en bien de la sociedad.
Pues bien, no todos los docentes otorgan una guía para el examen, un temario exacto de lo que vendrá en la prueba, o un “acordeón” para aprobar sin dificultad. Sin embargo, Jesús, el Maestro por excelencia, sí entregó a sus discípulos el contenido preciso del examen final. Si lo seguimos al pie de la letra, este temario nos asegurará el ingreso a la Verdadera Vida, a la titulación plena como personas hechas a imagen y semejanza de Dios, nuestro Padre.
¿Y cuál es este temario? Lo encontramos en el evangelio de San Mateo donde se especifican las actitudes de amor o de indiferencia que podemos tener hacia los necesitados con quienes el propio Jesús se identifica absolutamente: “Les aseguro que cuando lo hicieron o dejaron de hacer con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (Cf Mt 25, 31-45). Las obras de misericordia son, pues, el tema central de nuestro examen final, el contenido que determinará nuestro ingreso a una vida plenamente feliz.
Deberíamos sentirnos dichosos al saber –desde ahora– lo que necesitamos hacer para aprobar este examen definitivo y ser aceptados en la Patria Eterna “donde nadie estará triste, nadie tendrá que llorar”[1]. Pero si somos indiferentes y no tomamos con seriedad el temario que se nos ha entregado, reprobaremos el examen y seremos enviados al castigo eterno.
Madre Martha comprendía que el contenido de este examen final se resume en el amor a Dios y al prójimo. En uno de sus escritos, exhorta a una de sus hijas espirituales –y con ella a todos nosotros– diciendo: “Creo que su Jesús estaría muy contento con usted si lo buscara más a Él, y, preocupándose por servir a los demás […], a las almas todas, se viera menos a sí misma. Necesita ser más generosa, hijita, tratar de ser agradable a Jesús y, viéndolo sólo a Él, en cualquier prójimo, sea quien sea, servirlo con alegría, con desinterés, en una palabra, con amor”[2].
Ver a Jesús en el prójimo y al prójimo en Jesús, sirviéndolo con sencillez y alegría, es la guía para una vida feliz, aquí en la tierra como en el cielo.
En una sociedad a menudo individualista, ¿cómo podrías ser más consciente y activa/o en el cuidado de los demás? ¿Qué acciones concretas puedes hacer para ver a Jesús en tu prójimo?
[1] De la plegaria eucarística para la misa con niños III.
[2] AHSVCFE I.2.3.669. Fondo Martha Christlieb, Cartas a Hermanas de la Vera Cruz Hijas de la Iglesia. 14 octubre 1974.


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